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Experiencia pictórica de hermandad universal
Reflexiones de Vida

Experiencia pictórica de hermandad universal

8 min

Antes de iniciar el siglo XXI, vivía en un pueblo alucinante… lleno de montañas, árboles, agua fresca, flores y olor a naturaleza verde. En casa, con la abu, a quien le decíamos Chelita, mis padres tenían conejos en la pesebrera que alguna vez fue de caballos. Los conejos los sacrificaban para comer y tener piel. Recuerdo la sensación de suavidad y la placidez que me producía sentir la textura en las manos de esas pieles blancas.

Por esa época, una noche soñé con el hombre de la sonrisa encantadora y del amor sobrenatural. Era una energía dulce que me producía gratitud, confianza y cercanía (hermandad). Él, al igual que yo, llevábamos una túnica blanca que lucía tres círculos concéntricos (!) y que llegaba hasta los pies. Caminaba a mi izquierda y recuerdo que me daba enseñanzas y consejos sobre la vida, una serie de instrucciones mientras caminábamos por un lugar muy blanco, él (como ya mencioné) siempre con su gran paso y abrazo, caminaba al lado izquierdo; me hablaba de la importancia de hacer el bien, tener amor en el corazón y recordar siempre mi hogar, durante la experiencia en la Tierra.

De ese sueño vuelvo, como si fuera ayer, con la sensación de confort en los pies descalzos al caminar junto a una energía universal sobre alfombras tan finas y peluditas como las pieles de conejo que sabía bien eran del mundo real-material, donde había tocado ese delicado y suave pelaje al calor de una taza de leche caliente con Domeniq el brandy para el sueño profundo que nos daban en casa ese terruño donde guardo las más felices memorias de mi hogar de la infancia, donde también coexistían los juguetones y alegres Tigre y Pocholo, los perros amigables, que ladraban con el saltar de los conejos.

A los 11 años, en una Semana Santa, en el pueblo sacaron un montón de muñecos gigantes. Uno era un hombre ajustado a un madero y, con solo verlo, se me salieron las lágrimas… No comprendía cómo se podía recrear para la multitud una escena tan grotesca de sufrimiento y desamor, sin piedad, y ponerla como un circo romano a la vista de todos. A esa pieza de museo religioso había que hacerle una corona con la hoja de una palma; se debían recrear 33 nudos y dejarla como un anillo que luego se le ponía en la frente para hacer una petición o deseo… Deseé que ese hombre no sufriera más y que nunca, nunca yo fuera a sufrir un maltrato de esa envergadura.

A los 13 años tuve un accidente (con 3 ingresos a quirófano y la congoja de ver morir de ipso facto a la joven que estaba a mi lado, en el momento del incidente). En medio de la bruma del suceso, tuve mi primera conversación con una energía sobrenatural a la que llamaré el Gran Creador. En ese instante de susceptibilidad humana supe que su luz, que definiré como zafiro amoroso azul, habitaría en mí (escribiré la historia del acontecimiento del 5 de septiembre tipo cuento en otro momento; esperen el relato, por favor).

A los 15 años asistí a un seminario y aprendí la Afirmación Diaria, la cual pegaría en la puerta de la habitación para leerla y evitar olvidarla. Igual la olvidé… Hasta ahora que la he meditado de nuevo la puedo recordar y ajustar a mi vibración y frecuencia. (Luego la comparto, por favor, revisarla).

A los 18 años asocié al hombre-creador universal con dogmas religiosos que no me inspiraban el más mínimo interés. Para ese momento ya había leído a Nietzsche, Kant, Engels, Camus, Kafka, Hemingway, Aníbal Niño, García Márquez, Kundera, Cortázar, Enrique Barrios, R.Bach, entre otros. Las iglesias y su gran cantidad de esculturas humanas con vestimentas rimbombantes me parecían demasiado desagradables. Ingresar a un templo y ver la rigidez de mente me producía, literalmente, risa… no me gustaban las iglesias porque una vez entraba me empezaba una desfiladera de risas que no podía retener. No entendía nada de lo que allí se decía y, la verdad, no me interesaba conocer. Fue así que llegué al cristianismo. Un franciscano que conocía del pueblo de mis cuitas me recomendó un lugar de pijos llamado: Casa sobre la Roca y me gustó… se ajustó más a ese hombre-creador amigable. Por esas circunstancias llegué al libro Piensa en grande (Think Big) de B. Carson, y esas palabras del acróstico del título, me abrazaron durante mi carrera universitaria, sin tener que convertirme al cabestrillo dogmático. Las simples palabras tienen ahora un significado profundo que aborda mi experiencia de vida (las he puesto en negrita).

T (Talento/Tiempo/ expresar los talentos/ dejar de procrastinar);H (Honestidad/Esperanza/ ser fiel a la luz interior/ caminar con la esperanza de la mano); I (Intuición/Perspicacia/ observación plena/ silencio interior/ respiración, ayuno); N (Nice: amabilidad/ bondad/ empatía individual y colectiva/ aprender a servir a otros); K (Knowledge: conocimiento/ gnoseología) Ser un Kui, un verdadero KUI (significado completo-Caballo de Trota_JJBenitez;B (Books: libros/ leer y comprender diversos temas/abrir la mente al universo ); I (In-depth learning: aprendizaje profundo/ capacidad de discernir/buscar la verdad); G (God: energía creadora/ energía unificadora/ luz universal/ hombre universal).

Yo invocaba siempre la gran luz y el hombre-creador susurraba a mi oído con bondad y amor. Vi su rostro dos veces en las nubes del cielo de la universidad, lejos de mi hogar materno, acompañado de prodigios que luego les contaré.

A los 19 años ya era una lectora asidua y un conocido, al ver mi interés por los libros, me regaló Caballo de Troya, pero no tuvo cuidado en darme el volumen I, sino que me proporcionó la aventura de los pilotos de la Fuerza Aérea Norteamericana (USAF) que viajan en el tiempo al año 30 de nuestra era, volumen II. Empecé a leer y no entendí nada… yo solo quería saber algo del Gran Creador… pero para mi, no fue posible hallarlo en los primeros capítulos y cerré el libro.

Me dejé guiar por la intuición, y así fue por largos años hasta que un día, en medio de un viaje, me convertí por necesidad humana al cristianismo… ortodoxo, extremista y encarcelador. Nunca había experimentado sentirme tan limitada de mente, acción y pensamiento…Sin embargo, el Gran Creador es justo y, con su infinita sabiduría, me devolvió (tras 5 años de insomnio y pérdida de voluntad) las herramientas con las que logré escapar de la cárcel del dogma y el miedo, y empecé mi camino iniciático

 Volví a los libros; me incliné un poco por la filosofía estoica. Empecé a revisar mi senda, volví a leer Ami, el niño de las estrellas, Los cuatro acuerdos toltecas y El díario estoico, empecé a reconstruir todo lo que el dogma me había llevado a olvidar a punta de autoflagelo, miedo, señalamientos, prejuicios, temor y sentencias tendenciosas. Le puse de nuevo atención a la respiración consciente (100% nasal), la meditación, el silencio interno, ayuno, pies en la tierra sin zapatos, abrazar árboles, escuchar la naturaleza, hablar con el cosmos, celebrar la luz de la bóveda celeste al reconocer el mapa estelar, agradecer, sentir felicidad, paz, observar y concluir al discernir con conciencia plena. Los números, entre otras cosas, que ya había abordado en otros momentos trajeron consigo las sincronicidades, el 441, 11:11; 3:33; 12:12; 12:34; 10:28 etc. Exploré el pensamiento Carl Jung, Jacobo Grinberg, Grabovoi, Blavatsky, el mundo de los sueños y volé al mundo de la introspección con el libro: El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl.

En esa búsqueda llegó de nuevo Caballo de Troya, empecé con el número uno(!) Jerusalén, luego Julio Verne y Veinte mil leguas de viaje submarino. Los empecé a leer con conciencia plena. Llegaron a mi El código Verne de Jesús Cediel, Vírgenes y Toxicómanos de Mario Mendoza, Operación Arconte Salvador Freixedo, Los Anunnaki de Henry Krane y de nuevo a La rebelión en la Granja y 1984 de George Orwell, y ¡pum! Se abrió el mundo de la gnoseología a mi universo individual y colectivo…

La experiencia con los caballos fue inigualable Jerusalén, Masada, Saidan, Nazaret, Cesarea, Hermón, Nahun... terminaba uno y continuaba sin parar. Al llegar a Nahum, supe de una imagen… del hombre-Universal… fue una imagen hablada, escrita que pude ilustrar en mi mente. Continúe con Jordán y actualmente, Caná. Aquí me detuve y me fuí a *Caballo de Troya 11 (El Diario de Eliseo)* y allí estaba el rostro del hombre universal.

Mi mejor amiga, la biblioteca, me había prestado otros volúmenes de este fascinante escritor y, en uno de los casos de *Pactos y señales,* lo vi de nuevo; también en Mis enigmas favoritos y, por último, en** En blanca y negro,** todos estos libros del mismo escritor español J.J. Benítez. Absorta por el descubrimiento y en un momentum de hermosa serendipia mañanera, el 21 de marzo de 2026 inicié la réplica del rostro de ese hombre-creador que conocí en sueños y en la lectura de estos libros de valioso despertar o recordación de la existencia.

Sin más palabras, fue así como me aventuré, a través de la técnica del carboncillo, en el maravilloso viaje del retrato del Hombre Universal (!) también hermano, socio y amigo (!). 101

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