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La Felicidad...
Reflexiones de Vida

La Felicidad...

4 min

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La felicidad

\ Una sensación, un impulso, un tic-tac que te invita a expandir tu campo sensorial y a encaminarte hacia ese instante en el tiempo donde tu cuerpo recrea una sonrisa genuina que alegra la vida. Es ese fragmento colosal capaz de despertar emociones vivas y una efusividad incomparable.

\ Allí en es desdoblamiento del espacio tiempo, el cuerpo se vuelve flexible y tolerante a todas las cosas. Lo tolera todo, todo incluso hasta se vuelve tolerante a la lactosa, los frutos secos, el gluten, el azúcar, las grasas, los carbohidratos, el café, el vino, el pan blanco, las calorías, los domingos de pereza, los lunes de oficina, los suegros en Navidad, las videollamadas interminables, los semáforos en rojo, las filas del supermercado, los gurús del bienestar, los algoritmos que pretenden conocerte mejor que tú mismo, las aplicaciones que te recuerdan que debes vivir, beber agua, respirar o dormir, las notificaciones que insisten en felicitarte por caminar dos pasos más que ayer, los audios de ocho minutos que jamás responden a un simple "sí" o "no", los mensajes compuestos únicamente por emojis que exigen un doctorado en jeroglíficos para ser descifrados, o los mensajes sin respuesta dejados en visto, las reuniones que pudieron haber sido un correo, los correos que pudieron haber sido un mensaje, los mensajes que pudieron haberse evitado, las dietas que prometen adelgazarte en un mes, los entrenadores de cuerpos corpulentos que intentan animarte a salir de la flacidez, los mercaderes de la culpa, los profetas del miedo, los fabricantes de certezas, los coleccionistas de ofensas, los cazadores de contradicciones, los apóstoles de lo políticamente correcto, los evangelistas del dogma, las excentricidades convertidas en tendencia, las extravagancias elevadas a virtud, las supuestas críticas constructivas, los unicornios con ansiedad existencial, los pingüinos con vocación de astronauta, los dragones veganos, las cebras que todavía discuten si son blancas con rayas negras o negras con rayas blancas, las tostadas que siempre eligen caer del lado de la mantequilla, los calcetines que desaparecen en la lavadora para fundar una civilización paralela, las llaves que desarrollan conciencia y deciden esconderse cinco minutos antes de que salgas de casa, las filas que uno abandona justo antes de que empiecen a avanzar, los ascensores que llegan primero a cualquier piso... excepto al tuyo, el bolígrafo que escribe perfectamente hasta que necesitas firmar un documento importante, las teorias conspiranóicas y cualquier otra extravagancia, excentricidad, herejía nutricional, emocional, digital, espiritual o cósmica que el hipotético lector de estas líneas tenga la gentileza de imaginar mientras sonríe ante el absurdo y se ríe, aunque sea un poco, de sí mismo; porque la diversión en ese instante está inmersa en el hipocampo de las posibilidades y, allí, absolutamente todo es posible. 

\ Es esa serendipia, matutina, vespertina o nocturna, que insufla un aliento de vida y te recuerda que la vida merece una oportunidad para seguir estando presente en ella. Es el camino hacia la emancipación de las formas, los contextos y las demás cárceles condicionadas por el pensamiento lógico o retraído por los prejuicios. Es ese sendero de Antonio Machado que invita a dejar huella, porque no hay camino, sino que la senda se revela bajo las zancadas de tu libertad, donde, a partir de la movilidad de tu rostro y de los extremos de tus labios apuntando al Zenit, se contempla la alegría de vivir. Es un momento de ensoñación en sí mismo.

  La felicidad entonces es como una porción de gratitud expresada en dopamina que hace que el mundo, tu mundo, sea mejor y más feliz. Es tan corta y sutil como una estrella fugaz. Disfrutar de su presencia es atesorar memorias en el tiempo que evoquen fascinación y placidez emocional.

 Podemos ser felices. Es una elección.

\ Ahora bien, si a ese pigmeo instante del espacio-tiempo lo adornas con un sonido alucinante, lo sostienes con un sonoro estallido de hilaridad y le das paso a las carcajadas, resonarán las campanas de una nueva melodía universal que Aristóteles quizá aludió como eudaimonía. Y si eres aún más travieso y rebelde, puedes entonar el himno de la absolución y llegar a la plenitud de reírte de ti mismo.

\ Allí, tus carcajadas y sonrisas se convierten en una sinfonía digna de un maestro de la vida y de la autonomía, cuya prerrogativa va más allá de la comprensión ecuánime del ensoñador.

 Puedes ser condenadamente feliz. O no. Esa es siempre tu elección.

 Abrazo de felicidad sempiterno.

 Y recuerda: La metáfora tiene derecho a existir sin pedir permiso a la ciencia.

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