Saltar al contenido
El equilibrio...
Reflexiones de Vida

El equilibrio...

3 min

Gracias por estar aquí💞💐⭐️ Ver, leer y discernir.

El equilibrio... quizá la más hermosa de las ilusiones en un mundo donde parecería que, para existir, hay que tomar grandes bocanadas de aire, caminar con grandes zancadas o pretender abarcarlo todo en un solo instante. Vivimos persuadidos de que la intensidad equivale a la plenitud, cuando, en realidad, la existencia suele revelarse en aquello que apenas ocupa un suspiro.

El equilibrio es ese instante que te permite distinguir el aquí y el ahora con conciencia plena. Es el momento en que le das paso a reconocer tu respiración y te entregas, sin resistencia, a la entrada y la salida del aire. Porque respirar no es únicamente un acto biológico; es el recordatorio silencioso de que la vida acontece en el presente y de que cada inhalación inaugura una posibilidad de despertar.

Comprender lo que haces ya representa una forma de lucidez; pero comprender por qué lo haces constituye una revolución interior. Allí comienza el verdadero ejercicio de la conciencia.

El equilibrio es ese instante suspendido en el tiempo donde, antes de actuar por reacción, te concedes el macrosegundo suficiente para preguntarte: ¿quién soy yo y cómo actúo ante los estímulos externos? En ese espacio diminuto, casi imperceptible, habita una libertad inmensa. Porque entre el estímulo y la respuesta existe un territorio que pocas veces visitamos, y es precisamente allí donde la voluntad deja de ser un impulso para convertirse en una elección.

El equilibrio es la fusión entre la reflexión y la conciencia; entre la comprensión y la recordación de lo que somos y de hacia dónde vamos. Es la reconciliación entre el pensamiento y el silencio, entre el movimiento y la quietud, entre la razón que explica y la intuición que comprende. Tal vez el equilibrio no sea un punto de llegada, sino una forma de caminar.

Mantener el equilibrio es casi una utopía, porque exige una vigilancia amorosa de la conciencia. Sin embargo, en ese estado no queremos pernoctar. La aceleración del mundo contemporáneo nos sobreestimula hasta el punto de convertir la prisa en una identidad. Casi hemos dejado de concedernos la molestia —o el privilegio— de reflexionar, de pensar y de observar. Corremos con la esperanza de alcanzar el tiempo, sin advertir que es el tiempo quien termina alcanzándonos.

Olvidamos que la contemplación no es pasividad, sino una de las formas más profundas de la inteligencia. Quien observa con atención descubre aquello que la velocidad siempre deja atrás.

El equilibrio es ese instante de observación revestido de gotas de lucidez, adornado por el discernimiento y sostenido por la calma del silencio interior. Es el lugar donde el ruido pierde autoridad y la conciencia recupera su voz. Allí el alma recuerda aquello que nunca dejó de saber, pero que el vértigo cotidiano insistía en hacerle olvidar.

La voluntad se ejercita con el equilibrio y, a su vez, el equilibrio fortalece la voluntad. Ambos se alimentan mutuamente, como dos fuerzas que no compiten, sino que se revelan una en la otra. Quizá por eso el equilibrio nunca pueda poseerse definitivamente; solo puede practicarse, una y otra vez, con la humildad de quien comprende que cada día vuelve a empezar.

Porque, al final, el equilibrio no consiste en permanecer inmóvil en medio de la tormenta, sino en aprender a danzar con el viento sin perder el centro desde el cual recordamos quiénes somos.

El equilibrio es una serendipia que alcanzas para no caer en el intento de vivir.

Saludos💞💐⭐️

También te puede interesar

¿Te ha acompañado este texto?

Este blog existe gracias al tiempo y el corazón que le dedico. Si quieres apoyarlo, puedes invitarme un café.

☕ Apóyame en Ko-fi