Por qué empecé a grabar
La primera vez que encendí la cámara para grabar algo mío, la apagué a los dos minutos.
Me escuché y no me reconocí. La voz sonaba distinta, los gestos se sentían exagerados, todo parecía una actuación de mí misma. Guardé el archivo y no lo abrí en una semana.
Pero algo quedó dando vueltas. Porque hay ideas que, cuando las escribo, se quedan quietas en la página — y cuando las digo en voz alta, cobran una forma diferente. Más viva. Más real.
Volví a intentarlo. Esta vez sin guión, sin preparación. Solo encendí la cámara y empecé a hablar de una sesión de pintura que había tenido ese día. Y algo hizo clic.
No grabo para tener muchos seguidores. Grabo porque es otra forma de pensar en voz alta — y porque a veces alguien del otro lado necesita escuchar exactamente eso que yo necesitaba decir.
Puedes ver mis videos en YouTube. Son cortos, sin edición elaborada, y completamente míos.
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